La pista de Monza es una oda a la velocidad. Tienes un Porsche 911 GT2 RS, un auto diseñado para la velocidad y la adrenalina, nada podría salir mal, bueno, a excepción que una llanta explote a 295 kilómetros por hora. 

El motor 3.8 turbo de 700 caballos a todo dar, y de repente un estallido. La llanta trasera izquierda explota en el momento que el velocímetro marcaba los 295 kilómetros por hora. Es una situación de temer. 

Por suerte el piloto reacciona de manera muy profesional, ya que frena, controla los bandazos y consigue domar a la bestia en el mismo punto en el que hace pocas semanas Marcus Ericsson tuvo un escalofriante accidente con su Sauber. 

Según el piloto, el incidente pudo haber sucedido porque sus llantas Pirelli Trofeo R ya habían completado 60 vueltas en el Nordschleife, y la temperatura del asfalto en Monza era de 55 grados. Además, el auto ya había estado en la pista por algún tiempo. Lo lamentable es que la llanta rompió la manguera del turbocompresor. Salió barato para lo que pudo ser. 

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